Un día como hoy, 25 de marzo, pero del año 1655, el astrónomo neerlandés Christiaan Huygens descubría al más grande de los satélites de Saturno y al segundo más grande del Sistema solar: Titán.
Este descubrimiento -realizado a sus 25 años- fue de gran importancia ya que fue el primer satélite conocido de este planeta y el quinto de nuestro sistema, puesto que Galileo descubrió anteriormente cuatro “lunas” en Júpiter.
Huygens construyó un telescopio con el que observó los anillos de Saturno y detectó la presencia de Titán, el 25 de marzo de 1655. Aún así, dio a conocer la noticia en 1656 luego de hacer varias observaciones para estar seguro de sus características orbitales.
Con sus cálculos y observaciones concluyó que Titán se encontraba orbitando a Saturno a 1.200.000 km -aproximadamente- y que completa una vuelta al planeta en 15 días y 22 hs. Al igual que nuestra Luna, su movimiento de traslación y rotación sobre su eje, duran lo mismo.

Titán tiene una atmósfera muy densa y opaca, lo que impedía obtener información sobre su superficie. No fue hasta el año 2005, cuando la misión Cassini-Huygens logró aterrizar en el satélite, que se realizaron las primeras mediciones y descubrimientos más allá de la capa de «nubes». Su atmósfera está compuesta en un 95% de Nitrógeno y el resto en metano e hidrocarburos. También mostró paisajes geográficos como dunas, valles y ríos. La misión aterrizó en un cauce de lo que parecía ser un río seco, por lo que se constató que Titán posee un paisaje fluvial y de erosión como en la Tierra.

Lo particular de estos accidentes en la superficie de Titán es que sus ríos, lagos y mares no son de agua, sino de metano, que se encuentra en estado líquido debido a su temperatura superficial, que es de unos -180 °C.
Por otro lado se plantea la existencia de un océano subterráneo de agua y de amoníaco. Estos compuestos fueron los que dieron origen a la vida en la Tierra hace 4.800 millones de años.


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