Autor: Milagros Segovia

  • Artemis II: por primera vez una mujer rumbo a la Luna

    Artemis II: por primera vez una mujer rumbo a la Luna

    Han pasado más de cincuenta años desde que un ser humano vio la Tierra desde la órbita lunar. Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo llevaron a 24 astronautas hacia nuestro satélite natural y, de ellos, 12 dejaron sus huellas en la superficie. Todos eran hombres, todos estadounidenses. La última misión fue el Apolo 17, en 1972. Desde entonces, nadie volvió.

    Ahora, la NASA está lista para cambiar la historia con el programa Artemis. La primera parada será Artemis II, planificada para la primera mitad de 2026. Aunque la misión no descenderá en la Luna, llevará astronautas a orbitarla y pondrá a prueba la nave Orion, asegurándose de que todo esté listo para el próximo gran salto.

    ¿Qué es el programa Artemis de la NASA?

    El programa Artemis es la iniciativa de la NASA para regresar a la Luna. A diferencia del programa Apolo, Artemis no busca solamente llegar, sino establecer una presencia humana a largo plazo, probar nuevas tecnologías y preparar el camino para futuras misiones tripuladas a Marte. El programa incluye varias misiones progresivas —como Artemis I, II y III— que prueban la nave Orion, el cohete SLS y los sistemas necesarios para vivir y trabajar en el entorno lunar. Su objetivo central es volver a llevar astronautas a la superficie de la Luna y usarla como un laboratorio natural para la exploración profunda del espacio.

    De izquierda a derecha, tripulantes de Artemis II: Jeremy Hansen, Victor Glover, Christina Koch y Reid Wiseman (Foto: NASA/Frank Michaux)

    Christina Koch: la primera mujer rumbo a la Luna

    La tripulación de Artemis II está formada por cuatro personas: Reid Wiseman, Victor Glover, Jeremy Hansen y Christina Koch. Y aquí está la verdadera revolución: Christina será la primera mujer en viajar hacia la Luna. No alunizará todavía, pero su lugar en esta misión marca un antes y un después en la historia de la exploración espacial.

    Entre 2019 y 2020, Christina pasó 328 días seguidos a bordo de la Estación Espacial Internacional, estableciendo un récord femenino de permanencia en el espacio. Su experiencia en misiones largas, sumada a su formación como ingeniera, la convierten en una astronauta clave para futuros viajes de larga duración.

    Los 24 astronautas del programa Apolo (1961 – 1972) fueron hombres.

    La importancia de su participación va más allá de lo técnico. Christina Koch representa un símbolo de equidad de género en la exploración espacial, mostrando que las próximas huellas en la Luna no serán únicamente masculinas. Su rol inspira a nuevas generaciones de mujeres y niñas interesadas en la ciencia, la tecnología y la exploración del cosmos.

    Es por esto que Artemis II nos recuerda algo poderoso: la exploración espacial no es solo un desafío tecnológico, también es un reflejo de quiénes somos y de cómo elegimos avanzar como especie. Que una mujer esté en la tripulación no es solo un detalle: es la señal de que la próxima vez que veamos huellas frescas en el polvo lunar, podrían pertenecer a ella… o a cualquiera de nosotras y nosotros.

    Artemis II espera su momento en Cabo Cañaveral (Foto: Joel Kowsky)

    Rumbo a la Luna

    Mientras Artemis II espera en su plataforma de lanzamiento las últimas pruebas y la autorización final, sus tripulantes ya han comenzado la cuarentena protocolar previa a cada misión.

    Como sucede en todo despegue, la NASA publicó el calendario de “ventanas de lanzamiento” de la misión, donde se marcan las fechas en que Artemis II podría despegar. Se empieza por la primera y, ante eventualidades climáticas, técnicas o de seguridad, el intento se posterga para la siguiente, y así sucesivamente.

    Las fechas marcadas son: 6, 7, 8, 10 u 11 de febrero; 6, 7, 8, 9 u 11 de marzo; y 1, 3, 4, 5, 6 o 30 de abril.
    Si se diera en el primer día, es decir, viernes 6 de febrero, se estima que los motores se encenderán a las 21:41 horas de Florida (EE.UU.), 23:41 horas de Uruguay, Argentina y Chile.

  • Caronte: el mayor compañero de Plutón

    Caronte: el mayor compañero de Plutón

    Se cumplen 43 (22 de junio de 1978) años desde que James Walter Christy descubrió a Caronte, el satélite más grande del planeta enano Plutón. 

    Mientras trabajaba en el observatorio Naval de los Estados Unidos, Christy notó que, a diferencia de las estrellas, Plutón presentaba una forma elíptica, y la única explicación que pudo atribuir a este hecho, era la presencia de otro cuerpo orbitando a su alrededor. 

    Efectivamente, luego de examinar más fotografías y observar una serie de «eclipses» con otras estrellas, se pudo confirmar la existencia de un satélite orbitando este objeto.

    Caronte, visto por la sonda New Horizons en julio de 2015 (vía NASA / JHUAPL / SwRI / Daniel Macháček)

    Camino hacia el Inframundo

    Caronte en la mitología griega era el barquero de Hades, encargado de llevar las almas de los recién fallecidos a través de la laguna Estigia, para así llegar al Inframundo gobernado por el hijo mayor de Cronos y Rea, que en la mitología romana corresponde a Plutón. 

    Sistema binario 

    Caronte orbita a 19.640 km de Plutón, eso es veinte veces más cerca de lo que están la Luna y la Tierra. Además, es el satélite más grande en relación a su planeta/planetoide/planeta enano: su diámetro de 1.208 km supera ligeramente el radio del planeta enano y sus masas -al ser similares- llevan a que el baricentro orbital se encuentre por fuera de ambos. En consecuencia: Caronte no orbita a Pluton sino que ambos giran en torno a un centro de masas en común. Este es un fenómeno que podemos observar en los sistemas binarios. 

    En astronomía, un sistema binario refiere a dos objetos que por su proximidad se encuentran ligados gravitacionalmente, haciendo que ambos cuerpos giren en torno al mismo punto. De esta forma, al dúo Plutón – Caronte se considera un planeta doble o sistema binario.

    Simulación de las órbitas del sistema Plutón – Caronte.

    Así como Caronte, existen cuatro satélites más que acompañan al planeta enano: Hidra y Nix descubiertos en 2006 por el Telescopio Espacial Hubble, y Cerbero y Estigia, hallados en 2013. 

    No se tiene muy en claro cómo se formó el sistema. Una hipótesis sugiere que un objeto de gran tamaño, proveniente del cinturón de Kuiper, interceptó y colisionó con Plutón a gran velocidad, destruyéndose a sí mismo y trasladando algo de su masa al planeta, para terminar formando a Caronte con la fusión de los restos del impacto. 

    A raíz de análisis en sus líneas espectrales, se pudo determinar la composición de la superficie del satélite, la cual estaría cubierta mayormente por hielo de agua. Considerando el volumen y la masa de Caronte, se puede determinar que posee una baja densidad, indicio de que es un cuerpo helado. En julio de 2015, la sonda New Horizons sobrevoló y fotografió a Caronte, revelando que contiene menos rocas que su compañero, apoyando la hipótesis de que la formación pudo darse como resultado de un gran impacto entre dos cuerpos.

    Comparación del tamaño de Plutón y Caronte con otros cuerpos del Sistema Solar.

    En febrero dedicamos un episodio a Plutón, donde hablamos de su descubrimiento, la historia que le dio nombre, planetas enanos en el Sistema Solar, sus satélites y criterios de clasificación. Si todavía no lo hiciste, te invitamos a escucharlo en Spotify o en nuestro canal de YouTube.

  • La primera imagen de un agujero negro: un esfuerzo internacional

    La primera imagen de un agujero negro: un esfuerzo internacional

    El 10 de abril de 2019, en una conferencia de prensa en la que participaron científicos de todo el mundo, fue revelada la primera imagen de un agujero negro. Esta imagen se obtuvo a partir de millones de gigabytes de datos que fueron obtenidos por la red de telescopios que conforman el Event Horizont Telescope, EHT por sus siglas en inglés.

    El radiotelescopio APEX, ubicado en Atacama (Chile) a 5.064 metros por encima del nivel del mar, es uno de los ocho que integran el EHT

    La imagen muestra una región central completamente oscura, el agujero negro, rodeado por un anillo de materia que emite luz y permite su observación. Dicha materia es gas a altísimas temperaturas que se curva a su alrededor y está siendo contínuamente engullido.

    El agujero negro se encuentra en el centro de la galaxia elíptica M87, ubicada en la constelación de Virgo a unos 55 millones de años luz de distancia, y tiene una masa estimada de 6500 millones de veces la de nuestro Sol.

    ¿Qué es un agujero negro?

    Estos objetos fueron mencionados por primera vez en las ecuaciones de Einstein sobre campo gravitatorio, en la Teoría de la Relatividad General. En pocas palabras, son un cuerpo cuya fuerza de gravedad es tan intensa que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos. La «superficie», más conocida como el horizonte de sucesos, es el límite en dónde la velocidad que se necesita para escapar de él, es superior a la velocidad de la luz.

    Este año se dio a conocer otra imagen de M87 con la que los científicos han podido estudiar la región brillante fuera del agujero, mediante métodos de luz polarizada. Lo que podemos apreciar es el vórtice de ondas de luz que genera el campo magnético alrededor del agujero. Dichas ondas se encuentran polarizadas, lo que muestra la luz que normalmente viaja en todas direcciones (despolarizada) de pronto se ordena y va en una sola dirección, es decir, se polariza debido a una fuerza externa. En este caso, esa fuerza es la intensa gravedad.

    Esto es evidencia importante para poder entender cómo se comportan los campos magnéticos en torno a los agujeros negros y crea una base para una futura mejor comprensión acerca del cosmos.

    La composición más reciente, publicada en marzo de 2021
  • Titán, el satélite más grande de Saturno

    Titán, el satélite más grande de Saturno

    Un día como hoy, 25 de marzo, pero del año 1655, el astrónomo neerlandés Christiaan Huygens descubría al más grande de los satélites de Saturno y al segundo más grande del Sistema solar: Titán.

    Este descubrimiento -realizado a sus 25 años- fue de gran importancia ya que fue el primer satélite conocido de este planeta y el quinto de nuestro sistema, puesto que Galileo descubrió anteriormente cuatro “lunas” en Júpiter.

    Huygens construyó un telescopio con el que observó los anillos de Saturno y detectó la presencia de Titán, el 25 de marzo de 1655. Aún así, dio a conocer la noticia en 1656 luego de hacer varias observaciones para estar seguro de sus características orbitales.

    Con sus cálculos y observaciones concluyó que Titán se encontraba orbitando a Saturno a 1.200.000 km -aproximadamente- y que completa una vuelta al planeta en 15 días y 22 hs. Al igual que nuestra Luna, su movimiento de traslación y rotación sobre su eje, duran lo mismo.

    Vista de Titán en infrarojo. (NASA/JPL, University of Nantes, Virginia Pasek, University of Arizona)

    Titán tiene una atmósfera muy densa y opaca, lo que impedía obtener información sobre su superficie. No fue hasta el año 2005, cuando la misión Cassini-Huygens logró aterrizar en el satélite, que se realizaron las primeras mediciones y descubrimientos más allá de la capa de «nubes». Su atmósfera está compuesta en un 95% de Nitrógeno y el resto en metano e hidrocarburos. También mostró paisajes geográficos como dunas, valles y ríos. La misión aterrizó en un cauce de lo que parecía ser un río seco, por lo que se constató que Titán posee un paisaje fluvial y de erosión como en la Tierra.

    Imagen de la superficie de Titán, enviadas por la sonda Huygens en 2005.

    Lo particular de estos accidentes en la superficie de Titán es que sus ríos, lagos y mares no son de agua, sino de metano, que se encuentra en estado líquido debido a su temperatura superficial, que es de unos -180 °C.

    Por otro lado se plantea la existencia de un océano subterráneo de agua y de amoníaco. Estos compuestos fueron los que dieron origen a la vida en la Tierra hace 4.800 millones de años.

    Titán, los anillos y atrás Saturno, con la sombra proyectada por los anillos. (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute, mayo 2012)
  • Maria Winkelmann, la primera mujer en descubrir un cometa

    Maria Winkelmann, la primera mujer en descubrir un cometa

    El pasado 25 de febrero de 2021, se cumplieron 441 años del nacimiento de María Winkelmann, una astrónoma nacida en Leipzig, Alemania. María era un apasionada de la astronomía y fue la primera en descubrir un cometa: el C/1702 H1.

    Al igual que lo que le sucedió a tantas otras mujeres, sus grandes investigaciones científicas, no han tenido ningún tipo de reconocimiento en su tiempo. Por suerte, María contó con el apoyo de su padre, que creía que las mujeres juegan un papel muy importante en la investigación y en la educación. Él creyó plenamente en la capacidades de su hija, por lo que comenzó a formarla en artes y letras. Con el tiempo, comenzó a interesarse en el estudio del firmamento y se volvió aprendiz de Christopher Arnold, un astrónomo autodidacta que trabajaba como granjero.

    Años después, solicitó un puesto como astrónoma asistente en la Academia de Ciencias de Berlín, para el cual estaba muy calificada. Pero no importaba que fuera una astrónoma competente, el peso de ser mujer era mayor y la academia no quería arriesgar su reputación, por lo que le rechazaron la solicitud.

    A través de Christopher, María conoció a uno de las astrónomos más famosos del país: se trataba de Gottfried Kirch, con el cual contrajo matrimonio en 1692. De esta forma, junto a su esposo, ambos se centraron en el estudio astronómico. En 1700 se mudaron a Berlín y a Kirch lo nombraron astrónomo oficial de la Academia de Ciencias. Esto dio la oportunidad a María de poder trabajar allí, aunque no de forma oficial, sino siendo reconocida como ayudante.

    En el año 1702, María se convertiría en la primera mujer en descubrir un cometa, aunque, oficialmente el crédito de descubridor se lo llevó su marido. No fue hasta 8 años después que Gottfried reconoció a su mujer como la verdadera descubridora.

    Cuando su esposo murió en 1710, María vuelve a solicitar un puesto en el observatorio, el cual, nuevamente le fue denegado.

    Finalmente el 29 de diciembre de 1720, María muere sin haber conseguido jamás un reconocimiento oficial sobre ninguno de sus trabajos. Ni por el descubrimiento del cometa ni por su carrera como exitosa astrónoma.