¿Cuánto dura un día en cada planeta del Sistema Solar? Un día es el tiempo que tarda un planeta en girar sobre sí mismo. En la Tierra dura aproximadamente 24 horas, pero en el resto del Sistema Solar esa duración varía mucho. Algunos planetas giran lentamente, con días que duran cientos de días terrestres, mientras que otros completan una rotación en menos de 10 horas.
Las diferencias son grandes. En Mercurio, un día dura 1408 horas (59 días terrestres), mientras que en Venus alcanza las 5832 horas (243 días terrestres), siendo el más largo del Sistema Solar. En cambio, los planetas gigantes giran mucho más rápido: Júpiter tarda solo 9,9 horas en completar una vuelta, y Saturno unas 10,7. Marte tiene una duración muy similar a la Tierra, con 24,6 horas.
Urano y Neptuno también tienen días relativamente cortos, de 17,2 y 16,1 horas respectivamente. Estas diferencias en cuánto dura un día en cada planeta están relacionadas con su formación, su tamaño y las interacciones gravitacionales que han tenido a lo largo de miles de millones de años.
Plutón pasó de ser el noveno planeta del Sistema Solar a convertirse en uno de los objetos más estudiados del Cinturón de Kuiper. Desde su descubrimiento en 1930 hasta su reclasificación como planeta enano en 2006 y el histórico sobrevuelo de la misión New Horizons de la NASA en 2015, su historia refleja cómo evoluciona el conocimiento científico.
En esta infografía repasamos los principales hitos de Plutón y por qué sigue siendo clave para entender la formación y diversidad de mundos en el Sistema Solar.
En 2026 habrá cuatro eclipses principales, dos solares y dos lunares. El 17 de febrero se producirá un eclipse solar anular visible desde la Antártida, mientras que en Tierra del Fuego (Argentina) y Punta Arenas (Chile) se observará de forma parcial. El 3 de marzo tendrá lugar un eclipse lunar total visible desde Oceanía, el este de Asia y el oeste de Norteamérica; en gran parte de Sudamérica se verá parcial, con excepción de Paraguay y Uruguay.
El 12 de agosto ocurrirá un eclipse solar total visible desde España, aunque en regiones como Madrid y Cataluña se observará de manera parcial. Finalmente, el 27 de agosto se registrará un eclipse lunar parcial visible desde América, África y Europa. Estas son las fechas clave para quienes estén buscando cuándo habrá eclipses en 2026 y desde qué países podrán verse.
El verano no solo trae calor y vacaciones: también es una muy buena época para mirar el cielo. Las noches suelen ser más largas de lo que recordamos, el clima muchas veces acompaña y hay varios eventos astronómicos que se pueden disfrutar sin necesidad de instrumentos complejos ni conocimientos previos.
Durante estas semanas, uno de los grandes protagonistas es Júpiter, que alcanza la oposición el sábado 10 de enero. En ese momento, el planeta se ubica en el punto opuesto al Sol en el cielo. En términos prácticos, esto significa que será visible durante toda la noche y que atraviesa el mejor momento del año para observarlo. Se ve más brillante, más grande y más alto sobre el horizonte, lo que mejora notablemente la calidad de observación.
A simple vista ya destaca como uno de los objetos más luminosos del cielo nocturno. Con binoculares, incluso pequeños, es posible distinguir sus cuatro satélites principales —Ío, Europa, Ganímedes y Calisto— y observar cómo cambian de posición noche a noche.
Júpiter en oposición, esquema simplificado (Vuelta por el Universo)
La Luna también es protagonista de las noches de verano. El sábado 10 de enero a las 12:48 hs alcanza la fase de cuarto menguante, y el lunes 26 de enero a la 1:47 hs llega al cuarto creciente. Ambas fases son especialmente recomendables para observar la superficie lunar, ya que la luz del Sol incide de forma lateral y genera sombras que resaltan cráteres, montañas y valles. No hace falta mucho aumento para notar estos detalles: con binoculares ya se aprecia un relieve sorprendente.
Hacia fines de mes, la Luna alcanza el perigeo, el punto de su órbita en el que se encuentra más cerca de la Tierra. Esto ocurre el jueves 29 de enero a las 21:46 hs, momento en el que su tamaño aparente es ligeramente mayor. La diferencia no es enorme, pero existe y se vuelve más evidente al comparar imágenes tomadas en distintos momentos del mes.
Durante el verano también se dan varios encuentros aparentes entre objetos en el cielo, conocidos como conjunciones. Uno de los más atractivos es el de la Luna y Antares, la estrella más brillante de la constelación de Escorpio, que ocurre el miércoles 14 de enero alrededor de las 18:00 hs, visible en las últimas horas de la madrugada, antes del amanecer. Otro encuentro destacado es el de la Luna y Saturno, el viernes 23 de enero, observable luego de la puesta del Sol y durante algunas horas más, hacia el oeste del cielo. Con binoculares o telescopio, Saturno revela sus anillos incluso con equipos modestos.
Mercurio, el planeta más pequeño y esquivo del Sistema Solar, alcanza su conjunción superior el miércoles 21 de enero. Ese día no es observable, ya que pasa por detrás del Sol desde nuestra perspectiva, pero el evento marca el inicio de un nuevo período en el que comenzará a verse progresivamente tras la puesta del Sol, muy bajo sobre el horizonte oeste. Encontrarlo requiere paciencia, un horizonte despejado y saber exactamente dónde buscar.
Constelaciones del verano
Además de eventos puntuales, el verano tiene figuras del cielo que se repiten noche tras noche y ayudan a orientarse. Orión es una de las más reconocibles. En la mitología griega, era un cazador gigante que, tras su muerte, fue colocado en el cielo. Hoy sigue siendo protagonista gracias a las llamadas “Tres Marías”, tres estrellas alineadas que forman su cinturón: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Este alineamiento es una de las referencias más simples para empezar a reconocer constelaciones.
Muy cerca aparece Can Mayor, la constelación que representa al perro de caza que acompaña a Orión. Allí se encuentra Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, visible durante todo el verano y destacándose incluso desde zonas urbanas.
Mirar el cielo, sin vueltas
La mayoría de estos eventos pueden observarse a simple vista. Un par de binoculares mejora notablemente la experiencia y un telescopio suma detalle, sobre todo en casos como el relieve de la Luna, las lunas de Júpiter o los anillos de Saturno, pero no es imprescindible. Lo más importante sigue siendo lo mismo de siempre: tiempo, paciencia y ganas de mirar.
El cielo de verano está ahí, todas las noches. Esta guía no pretende ser exhaustiva ni técnica, sino una invitación a salir, levantar la vista y reconectar con algo que, aunque no siempre lo notemos, sigue ocurriendo sobre nuestras cabezas.
Habiendo empezado el año 2025, nos encontramos a la misma distancia del año 2000 que del 2050. ¿Qué ha pasado a nivel científico en estos 25 años? ¿Qué sucederá en los siguientes 25?