Una estrella fugaz no es una estrella. Es el destello de luz que produce una partícula espacial, sea una roca, un metal o cualquier sólido, cuando entra a gran velocidad en la atmósfera terrestre y se calienta por fricción con el aire. Ese brillo dura apenas unos segundos. El objeto en sí suele ser diminuto, muchas veces del tamaño de un grano de arena.
¿Cómo diferenciar distintos cuerpos?
La roca «flotando» en el espacio se llama meteoroide. Cuando entra en la atmósfera y genera el destello luminoso, hablamos de meteoro. Si una parte del objeto sobrevive al paso por la atmósfera y llega al suelo, entonces se convierte en meteorito. Y si el cuerpo es mucho más grande y orbita el Sol, se lo clasifica como asteroide.
La luz que vemos no es el objeto “prendiéndose fuego” como suele creerse, sino el aire que se comprime y calienta a su alrededor debido a la enorme velocidad de entrada, que puede superar los 40.000 kilómetros por hora. La mayoría se desintegra por completo antes de llegar al suelo, lo que explica por qué ver una estrella fugaz es común, pero encontrar un meteorito es raro.
Hoba es el meteorito más pesado descubierto. Pesa aproximadamente 60 toneladas, cayó hace 80.000 años y fue descubierto en Namibia en 1920.
Cuando muchas de estas partículas entran en la atmósfera desde una misma región del cielo, hablamos de lluvias de meteoros, como las Perseidas o las Gemínidas. No son fenómenos aislados: suelen estar asociadas a restos de cometas que la Tierra atraviesa en su órbita.
Mirar una “estrella fugaz” no es presenciar algo extraordinario en términos astronómicos, pero sí es observar, en tiempo real, la interacción constante entre la Tierra y el material que circula por el Sistema Solar.
En 2026 habrá cuatro eclipses principales, dos solares y dos lunares. El 17 de febrero se producirá un eclipse solar anular visible desde la Antártida, mientras que en Tierra del Fuego (Argentina) y Punta Arenas (Chile) se observará de forma parcial. El 3 de marzo tendrá lugar un eclipse lunar total visible desde Oceanía, el este de Asia y el oeste de Norteamérica; en gran parte de Sudamérica se verá parcial, con excepción de Paraguay y Uruguay.
El 12 de agosto ocurrirá un eclipse solar total visible desde España, aunque en regiones como Madrid y Cataluña se observará de manera parcial. Finalmente, el 27 de agosto se registrará un eclipse lunar parcial visible desde América, África y Europa. Estas son las fechas clave para quienes estén buscando cuándo habrá eclipses en 2026 y desde qué países podrán verse.
El verano no solo trae calor y vacaciones: también es una muy buena época para mirar el cielo. Las noches suelen ser más largas de lo que recordamos, el clima muchas veces acompaña y hay varios eventos astronómicos que se pueden disfrutar sin necesidad de instrumentos complejos ni conocimientos previos.
Durante estas semanas, uno de los grandes protagonistas es Júpiter, que alcanza la oposición el sábado 10 de enero. En ese momento, el planeta se ubica en el punto opuesto al Sol en el cielo. En términos prácticos, esto significa que será visible durante toda la noche y que atraviesa el mejor momento del año para observarlo. Se ve más brillante, más grande y más alto sobre el horizonte, lo que mejora notablemente la calidad de observación.
A simple vista ya destaca como uno de los objetos más luminosos del cielo nocturno. Con binoculares, incluso pequeños, es posible distinguir sus cuatro satélites principales —Ío, Europa, Ganímedes y Calisto— y observar cómo cambian de posición noche a noche.
Júpiter en oposición, esquema simplificado (Vuelta por el Universo)
La Luna también es protagonista de las noches de verano. El sábado 10 de enero a las 12:48 hs alcanza la fase de cuarto menguante, y el lunes 26 de enero a la 1:47 hs llega al cuarto creciente. Ambas fases son especialmente recomendables para observar la superficie lunar, ya que la luz del Sol incide de forma lateral y genera sombras que resaltan cráteres, montañas y valles. No hace falta mucho aumento para notar estos detalles: con binoculares ya se aprecia un relieve sorprendente.
Hacia fines de mes, la Luna alcanza el perigeo, el punto de su órbita en el que se encuentra más cerca de la Tierra. Esto ocurre el jueves 29 de enero a las 21:46 hs, momento en el que su tamaño aparente es ligeramente mayor. La diferencia no es enorme, pero existe y se vuelve más evidente al comparar imágenes tomadas en distintos momentos del mes.
Durante el verano también se dan varios encuentros aparentes entre objetos en el cielo, conocidos como conjunciones. Uno de los más atractivos es el de la Luna y Antares, la estrella más brillante de la constelación de Escorpio, que ocurre el miércoles 14 de enero alrededor de las 18:00 hs, visible en las últimas horas de la madrugada, antes del amanecer. Otro encuentro destacado es el de la Luna y Saturno, el viernes 23 de enero, observable luego de la puesta del Sol y durante algunas horas más, hacia el oeste del cielo. Con binoculares o telescopio, Saturno revela sus anillos incluso con equipos modestos.
Mercurio, el planeta más pequeño y esquivo del Sistema Solar, alcanza su conjunción superior el miércoles 21 de enero. Ese día no es observable, ya que pasa por detrás del Sol desde nuestra perspectiva, pero el evento marca el inicio de un nuevo período en el que comenzará a verse progresivamente tras la puesta del Sol, muy bajo sobre el horizonte oeste. Encontrarlo requiere paciencia, un horizonte despejado y saber exactamente dónde buscar.
Constelaciones del verano
Además de eventos puntuales, el verano tiene figuras del cielo que se repiten noche tras noche y ayudan a orientarse. Orión es una de las más reconocibles. En la mitología griega, era un cazador gigante que, tras su muerte, fue colocado en el cielo. Hoy sigue siendo protagonista gracias a las llamadas “Tres Marías”, tres estrellas alineadas que forman su cinturón: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Este alineamiento es una de las referencias más simples para empezar a reconocer constelaciones.
Muy cerca aparece Can Mayor, la constelación que representa al perro de caza que acompaña a Orión. Allí se encuentra Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, visible durante todo el verano y destacándose incluso desde zonas urbanas.
Mirar el cielo, sin vueltas
La mayoría de estos eventos pueden observarse a simple vista. Un par de binoculares mejora notablemente la experiencia y un telescopio suma detalle, sobre todo en casos como el relieve de la Luna, las lunas de Júpiter o los anillos de Saturno, pero no es imprescindible. Lo más importante sigue siendo lo mismo de siempre: tiempo, paciencia y ganas de mirar.
El cielo de verano está ahí, todas las noches. Esta guía no pretende ser exhaustiva ni técnica, sino una invitación a salir, levantar la vista y reconectar con algo que, aunque no siempre lo notemos, sigue ocurriendo sobre nuestras cabezas.
Durante mucho tiempo se enseñó que el Sistema Solar tenía nueve planetas. Hoy sabemos que son ocho. El cambio se produjo en 2006, cuando la Unión Astronómica Internacional redefinió qué condiciones debe cumplir un objeto para ser considerado planeta.
Cuántos planetas hay en el Sistema Solar hoy
Actualmente el Sistema Solar tiene ocho planetas que orbitan alrededor del Sol. Ordenados desde el más cercano al más lejano, son: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Los cuatro primeros son planetas rocosos relativamente pequeños, mientras que los cuatro más lejanos son gigantes gaseosos o helados, mucho más grandes y con sistemas de anillos y numerosas lunas.
Todos estos planetas cumplen tres condiciones definidas por la Unión Astronómica Internacional: orbitan alrededor del Sol, tienen suficiente masa para que su gravedad les dé una forma aproximadamente esférica y han “limpiado” su órbita de otros objetos de tamaño comparable.
Representación de los ocho planetas del Sistema Solar a escala aproximada de tamaño, ordenados desde Mercurio hasta Neptuno.
Por qué Plutón ya no se considera un planeta
En 2006 la Unión Astronómica Internacional estableció tres condiciones para que un objeto sea considerado planeta. Debe orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad le dé una forma aproximadamente esférica, y haber despejado su órbita de otros objetos de tamaño comparable.
Plutón cumple las dos primeras condiciones: orbita el Sol y tiene suficiente masa para ser casi esférico. Sin embargo, no cumple la tercera. Comparte su región del espacio con numerosos objetos del Cinturón de Kuiper, una zona del Sistema Solar llena de cuerpos helados más allá de la órbita de Neptuno. Por esa razón fue reclasificado como planeta enano.
Además de los ocho planetas, el Sistema Solar contiene muchos otros objetos: planetas enanos, asteroides, cometas y lunas. Algunos de los planetas enanos más conocidos son Plutón, Ceres, Eris, Haumea y Makemake.
El descubrimiento de estos cuerpos fue justamente lo que llevó a replantear la definición de planeta. Si Plutón seguía siendo considerado uno, muchos otros objetos similares también deberían entrar en la lista, lo que habría aumentado rápidamente el número de planetas reconocidos.
Representación de algunos planetas enanos del Sistema Solar, entre ellos Ceres, Plutón, Haumea, Makemake y Eris.
Sí, se puede ver, pero en determinados momentos y con cielo despejado. La Estación Espacial Internacional —EEI en español, ISS por sus siglas en inglés (International Space Station)— orbita la Tierra desde el año 1998. Es un laboratorio espacial construido de manera colaborativa por agencias como la NASA (Estados Unidos), Roscosmos (Rusia), ESA (Europa), JAXA (Japón) y CSA (Canadá). A bordo vive una tripulación rotativa, generalmente de entre tres y siete astronautas, provenientes de distintos países. No es un satélite automático: es una estación habitada de forma permanente desde el año 2000.
La EEI se encuentra a unos 400 kilómetros de altura y da una vuelta completa alrededor de la Tierra aproximadamente cada 90 minutos. Eso significa que pasa varias veces por encima de Sudamérica cada día. No siempre es visible, pero cuando su órbita coincide con el amanecer o el atardecer —y el cielo está lo suficientemente oscuro— puede verse como un punto muy brillante desplazándose de forma constante de un lado al otro del cielo. No parpadea como las estrellas ni titila como los aviones. Se mueve en línea recta y tarda apenas unos minutos en cruzar el firmamento.
Es importante aclarar que la EEI no tiene luz propia. Lo que vemos es la luz del Sol reflejada en su estructura metálica y en sus grandes paneles solares. Por eso solo es visible poco después de la puesta del Sol o antes del amanecer: en esos momentos, nosotros estamos en la sombra de la Tierra, pero la estación todavía recibe luz solar en altura.
Para saber exactamente cuándo será visible desde tu ciudad, una de las herramientas más útiles es el sitio Heavens Above.
heavens-above.com contiene información sobre varios satélites y cómo observarlos
Una vez que entres, deberás configurar tu ubicación (arriba a la derecha) para que los datos sean precisos.
En la tabla verás varias columnas: Fecha indica el día del paso (clickeando en la fecha podrás ver un mapa estelar para ubicar la EEI); Magnitud (mag) señala el brillo aparente (cuanto más negativo el número, más brillante será); Inicio muestra la hora, la Alt. (altura en grados sobre el horizonte) y el Ac. (acimut, es decir, la dirección en el horizonte) en que aparece; Punto más alto marca el momento en que alcanza su mayor elevación en el cielo; y Fin indica dónde y a qué hora desaparece de la vista. El Tipo de paso describe si será un paso alto y brillante o uno más bajo y tenue. Con esos datos, basta con mirar en la dirección indicada unos minutos antes del horario señalado y seguir el recorrido. No se necesita telescopio ni equipo especial: a simple vista alcanza.
La tabla donde se organiza toda la información importante (heavens-above.com)