Yuri Gagarin: primer humano en el espacio

A mediados de la década de 1950 la Unión Soviética y Kasajistán -que se había independizado de los soviéticos en 1936- llegaron a un acuerdo para establecer una base científica de pruebas en el sur del territorio kasajo, que iba a ser utilizada para el desarrollo aeroespacial. Se llamó al lugar Baikonur, como una ciudad que está a treinta kilómetros de distancia, que se adaptó para que los trabajadores del recientemente construido cosmódromo pudieran vivir. La concesión del territorio está pactada hasta 2050.

Entrada al Cosmódromo de Baikonur en la actualidad (Foto: Bill Ingals/ NASA)

Allí se dirigió la mañana del miércoles 12 de abril de 1961 el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. Su misión era simple, pero no por eso carecía de peligro e incertidumbres: debía ser el primer ser humano en el espacio, y volver con vida. Luego de recibir las últimas instrucciones en persona, se dirigió al transporte de tierra que lo llevaría desde el centro de control hasta la plataforma de lanzamiento, pero primero hubo que hacer una parada de emergencia: el cosmonauta no podía aguantar más las ganas de ir al baño. El vehículo se detuvo, él abrió su traje y orinó a un costado del camino. Ahora sí, una vez reincorporado, subió al camión y continuó su viaje rumbo a la plataforma.

A las 11:07 -hora local- el operador realizó el conteo y dio luz verde para el encendido: «¡Despegue! Le deseamos un buen vuelo, todo marchará bien», a lo que Gagarin responde simplemente «¡Vamos!». Las primeras etapas de combustión de los cohetes transcurren con normalidad, y una vez agotados estos caen a tierra. Un minuto más tarde, se descubre la ventana inferior en la cabina de la nave Vostok y el cosmonauta puede apreciar el paisaje: «puedo ver la Tierra, ¡es hermosa! La visibilidad es buena, puedo ver casi todo. Continúo con el vuelo, todo está bien». Momentos después la comunicación de radio se cortó y desde la base ya no pudieron hablar con él.

Centro de control de la misión Vostok 1

Los datos que llegaban hacían ver que Yuri era oficialmente el primer ser humano en el espacio. El tercer hijo de un obrero de la construcción y una empleada en una granja lechera se había metido en los libros de historia para siempre. Ahora solo faltaba regresar sano y salvo.

A punto de completar la vuelta al planeta, tras pasar por la parte «oscura» y observar el amanecer, la Vostok inició la secuencia de desaceleración a la altura de las costas atlánticas de África y se empezó a preparar para su descenso. A siete kilómetros del suelo, ya sobre territorio soviético, Gagarin abre la compuerta y salta de la nave equipado con su paracaídas, llegando sano y salvo al suelo en una granja ubicada a 700 km de Moscú a las 12:55.

El cosmonauta explicó a Anna Tajtárova, trabajadora de la granja, que era -al igual que ella- un ciudadano soviético pero que él venía del espacio y necesitaba un teléfono para avisar a Moscú que había regresado con vida a La Tierra.

La Vostok se estrelló varios kilómetros más adelante, como estaba planificado, y hoy en día permanece en el museo de la Corporación Espacial y Cohetes Energia S.P. Korolev, empresa encargada de su construcción. El hecho de que se estrellara y no aterrizara «suavemente», y que su piloto no haya estado con ella hasta el final hizo que se polemizara acerca de si era válido tomar en cuenta el viaje para el mojón de «primer vuelo humano al espacio», pero ¿quién le iba a desprender a la URSS esa medalla?

Así encontraron a la Vostok luego de que tocara suelo terrestre

Yuri Gagarin había iniciado una nueva historia para nuestra humanidad, se había convertido en una leyenda más allá de la carrera espacial. Al momento de hablar con los medios dijo «he visto lo hermoso que es nuestro planeta. Amigos: debemos preservarlo y embellecerlo, no destruirlo».

Dado el éxito de la misión, desde ahí en adelante todos los cosmonautas soviéticos -y más tarde rusos- paran a medio camino entre el centro de control y la plataforma para orinar sobre una de las ruedas del transporte.

De izquierda a derecha: Aleksei Gagarin, Yuri Gagarin y Anna Gagarina

Desde 2011 se celebra en cada aniversario de esta hazaña el Día Internacional de los Vuelos Espaciales Tripulados, dictaminado así por la Asamblea General de las Naciones Unidas en una resolución donde establecía estar «profundamente convencida de que conviene a toda la humanidad que se fomenten y amplíen la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, como patrimonio de toda la humanidad, con fines pacíficos y se persevere en los esfuerzos para que todos los Estados puedan gozar de los beneficios derivados de esas actividades». Asegurando así que «se conmemorará cada año a nivel internacional el principio de la era espacial para la humanidad, reafirmando que la ciencia y la tecnología espaciales contribuyen de manera importante a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, a aumentar el bienestar de los Estados y los pueblos, y a asegurar que se vea cumplida su aspiración de reservar el espacio ultraterrestre para fines pacíficos».

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