La misión Mariner 9, lanzada por la NASA el 30 de mayo de 1971, fue la primera en llevar a una sonda a orbitar el planeta rojo.
Mariner 9 ingresó a la órbita marciana el 14 de noviembre de 1971. Al llegar, Marte estaba envuelto en una tormenta global de polvo, lo que significó una gran preocupación para el desarrollo óptimo de la misión. A pesar de este desafío, la sonda se convirtió en un testigo único de la tormenta y contribuyó a una comprensión más profunda de los fenómenos atmosféricos marcianos.
Uno de los logros más destacados de la misión fue haber mapeado una enorme parte de la superficie de Marte, según indica la NASA fue alrededor del 85% en más de 7.000 imágenes. A medida que la tormenta de polvo se disipaba, la sonda comenzó a enviar imágenes detalladas de la geografía marciana. Este mapeo exhaustivo permitió identificar y nombrar características notables, incluidos cañones, valles y montañas, proporcionando a los científicos una visión sin precedentes de la topografía marciana.
Entre las revelaciones más significativas se encontraba la identificación de los famosos cañones marcianos, como el Valles Marineris, una enorme grieta que se extiende a lo largo de unos 4,000 kilómetros. También capturó imágenes de los volcanes marcianos, incluido el Monte Olimpo, el volcán más grande del Sistema Solar. Estos descubrimientos transformaron nuestra comprensión de la geología marciana y arrojaron luz sobre los procesos geológicos que dieron forma al planeta.
El 27 de octubre de 1972, después de casi un año en órbita, Mariner 9 concluyó oficialmente su misión. Sin embargo, su legado perdura en las contribuciones sustanciales que hizo a nuestra comprensión de Marte. No solo proporcionó información valiosa sobre la topografía y la geología marcianas, sino que también inspiró futuras misiones y fomentó el interés en la exploración del Sistema Solar.
Marte es un planeta habitado únicamente por robots y rovers. ¿Marte es un planeta habitado únicamente por robots y rovers? A esta hora en suelo marciano Perseverance (NASA, EEUU) y Zhurong (CNSA, China) van dejando sus huellas por el camino mientras desarrollan sus misiones. Ambas incluyen la búsqueda de vida o biomarcadores, señales que indiquen que allí alguna vez pudo haber habido vida extraterrestre. La pregunta de si nuestro planeta vecino solo tiene vida robótica o si también hay microbios viviendo en él, se responderá probablemente en los próximos años. Ante tantas preguntas que nos surgen con esta búsqueda, en el noveno episodio de nuestro podcast fuimos a buscar a dos estudiantes del Doctorado en Química en el área de Microbiología para llenarlas de preguntas acerca de ‘micromarcianos’. Ellas son Luciana Pereira, Química agrícola y medioambiental, y Belén Estevez, Bioquímica Clínica.
Representación gráfica de los rovers Perseverance (NASA) y Zhurong (CNSA)
Una de las tantas cosas de las que hablamos en el episodio, que lo pueden escuchar en Spotify como en YouTube, es sobre los riesgos que podría haber al momento de la interacción entre terrestres e hipotéticos marcianos. Estevez aseguró que «obviamente los astronautas van a tener que someterse a la vuelta a una cuarentena, esterilización de los trajes y demás», pero que «de todas formas es importante que, tal como conocemos a los microorganismos de La Tierra, la mayoría no son patógenos», por lo tanto las chances de que los marcianos representen un riesgo para los humanos son bajas.
Los patógenos son microorganismos que pueden provocar enfermedades a su huésped.
«Es muy probable que si hubiera microorganismos nativos de Marte que nunca hayan estado en contacto con algún mamífero, no hayan evolucionado a ser patógenos humanos. Es incluso más probable que nosotros seamos la amenaza para esos seres«, agregó.
¿Marvin es una amenaza para Bugs Bunny o viceversa? («Haredevil Hare», corto animado de Looney Tunes en 1948)
Más allá del riesgo que los microbios terrestres puedan representar, también hay que pensar en proteger las muestras que se vayan a traer desde el planeta rojo. NASA proyecta para 2026 una misión que volverá a La Tierra en 2031 luego de haber recolectado en Marte todos los paquetes con muestras que está envasando ahora mismo Perseverance.
«La manera de trabajar con muestras desconocidas o patógenas, que podrían llegar a tener algún organismo que perjudique al ser humano, es de forma estéril o aséptica. Hay un montón de técnicas: por ejemplo cámaras donde el ambiente está esterilizado y uno no ingresa, sino que ingresa material que está completamente esteril, de esa forma se trabaja sobre la muestra sin contacto humano directo», comenta Pereira. Algo que se repitió mucho en el episodio fue reforzar la idea de que todo lo que sabemos, lo sabemos por experiencias terrestres, y allá afuera todo podría ser distinto -o no-. Entonces surge la duda: los métodos de esterilización usados en experimentos terrestres, ¿serán válidos también para los marcianos? Luciana asegura que puede suceder que «encontremos microorganismos desconocidos en Marte, que no fueran eliminables con nuestros métodos, y eso de por sí ya sería algo interesante de estudiar».
Al no tener clara la noción de tamaños que manejan en microbiología en cuanto a muestras, una de las preguntas que hizo sonreír a ambas invitadas fuera de la grabación fue cuánto volumen se necesitaría para poder realizar experimentos de forma plena, ya que pregunté si «una botella de medio litro» -como las de refresco- estaría bien, y ambas hicieron al mismo tiempo gestos de que con eso alcanzaba y sobraba. De todas formas aún no sabemos cuánto decidirá traer a casa la NASA, la CNSA o la ESA (Europa) para examinar.
¿Cómo podríamos hacer para que los invitados extraterrestres se sientan a gusto en nuestro planeta de modo de que los afectemos lo menos posible? «Cuando recibimos una muestra con determinado microorganismo que queremos conservar, lo primero que tenemos que lograr es que no se nos muera«, explica Pereira, «necesitamos conocer algunos requerimientos como para que las células sobrevivan y se reproduzcan, tenerlas activas. Y en el laboratorio deberíamos poder recrear o simular condiciones favorables para el microorganismo, intentar darle las mismas condiciones en las que fue aislado, recrear la temperatura, salinidad, etc». «Deberías generar un ecosistema igual al de Marte y no sacarlos de ahí, ya que los microorganismos tienen mucha adaptabilidad y podrían perfectamente adaptarse y evolucionar para vivir en un ambiente terrestre», advierte Belén.
Sería importante dejar una muestra intocable a forma de control para comparar con el resto que serán sometidas a distintos experimentos y estudios. «Pienso que es fundamental lograr la preservación del material tal cual viene, y a partir de ahí hacer todos los experimentos que uno quiera, preservando el material original».
La vista de Perseverance desde una de sus veinte cámaras a bordo. (NASA/JPL-Caltech/ASU/MSSS)
El cráter de Jezero fue el lugar elegido por la NASA para el desarrollo de la misión Mars 2020, habiendo descartado otros lugares como la meseta de Syrtis Major Planum -con abundantes sedimentos volcánicos- o el cráter de Gusev, donde el rover Spirit (NASA) amartizó en enero de 2004. Todo parece indicar que Jezero fue, en un pasado bastante remoto, un lago de 45 kilómetros de diámetro y 250 metros de profundidad, con un delta donde podría haber quedado una cantidad muy rica de sedimentos que serían vitales para los objetivos de esta misión. A pesar de que todos somos optimistas, debemos preguntarnos qué pasaría si todas las búsquedas dieran un resultado negativo. Estevez remarcó varias veces la importancia de las investigaciones del mundo subterráneo de Marte, algo que abriría una nueva puerta de exploración, pero ¿en algún momento podríamos descartar la presencia de vida en el planeta marciano? Luciana asegura que «la única forma de asegurar que no hay microorganismos en un ambiente es haberlo analizado todo, y eso no va a suceder«, que en todo caso se podría «hablar de probabilidad». «Hay que recordar que estamos basando todas las investigaciones en los metabolismos conocidos en La Tierra. Si no encontramos vida puede ser porque no haya, o que simplemente no sepamos qué buscar« aseguró Belén Estevez, «quizás encontramos una molécula que no sabemos que efectivamente está asociada a la vida«.
Otra cuestión que nos desvelaba era cómo podríamos saber si la vida marciana realmente se originó en Marte, o si vino de otro lugar, ya sea de forma accidental o planificada. «Podríamos encontrar un tipo de vida que no exista acá en La Tierra. Si eso ocurre me imagino que para los astrobiólogos va a ser muy difícil discriminar si esa forma de vida nueva y extraña tuvo origen en Marte u otro cuerpo», opina Luciana Pereira. «Conociendo la composición de la atmósfera de Marte, y conociendo qué compuestos inorgánicos hay ahí, podríamos llegar a estimar si el metabolismo de estos microorganismos -es decir, la forma en la que obtienen su energía y crecen- es acorde a los compuestos y a la abundancia que allí se encuentran«, básicamente el viejo refrán de ‘uno es lo que come’. «Si se encuentra un microorganismo que crece a partir de un compuesto que no es el más abundante en Marte, o que son difíciles de encontrar, quizás vino de otro lado y está ahí sobreviviendo», agrega.
Encontrar evidencias de vida basada en ADN sería algo clave, según explicaba Luciana en el episodio, ya que esto podría ser algo que nos vincule a terrestres y marcianos, e incluso «podríamos llegar a generar una misma teoría biológica». «No es que se generó en Marte porque sí justo la molécula de ADN con las mismas bases».
La charla la pueden escuchar en el episodio «¿Qué buscamos cuando buscamos marcianos?», donde tanto Belén Estevez como Luciana Pereira profundizan en lo que podría ser la experiencia de encontrar microbios marcianos.
Desde hace siglos los terrestres fantaseamos con interactuar con marcianos. Esos seres, aún hipotéticos, que todas las novelas, películas, series y cómics han imaginado de distintos colores y formas, son aún un desvelo para el mundo científico. Varias misiones actuales tienen como objetivo buscar vida en el planeta rojo, pero ¿qué es exactamente lo que están buscando?
En este episodio especial recibimos a Luciana Pereira y Belén Estevez, estudiantes del Doctorado en Química en área de Microbiología, para hablar de microbiología y vida marciana.
En la tarde del jueves 19 de febrero, el rover -vehículo de exploración- Perseverance (NASA) llegó a Marte ante la mirada de millones de personas que lo siguieron a través de la transmisión en vivo.
Sobre las 20:55 hs (UTC), la jefa de operaciones de la misión, Swati Mohan, confirmó que el vehículo había llegado sano y salvo al suelo marciano. Así culminaba una etapa de la misión, luego de 203 días y 473 millones de kilómetros de viaje.
Perseverance tiene un tamaño similar a un auto familiar, y ahora se encuentra en el crater Jezero, pronto para comenzar a investigar el sedimento en búsqueda de biomarcadores. Según el equipo de investigación de la NASA, en ese lugar hace unos 3.5 billones de años corría un río de agua.
El director del JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro de NASA), Michael Watkins, asegura que la misión tiene un alto valor científico por el estudio geológico y astrobiológico, pero que también es un paso más hacia el desembarco de misiones tripuladas en el planeta rojo.
Se prevé que varias de las muestras extraídas por el rover Perseverance y el helicóptero Ingenuity serán recogidas por futuras misiones que las traerán a La Tierra para un estudio más completo.
Matt Wallace, uno de los gerentes de la misión en el JPL, aseguró que esperan para el próximo lunes poder estar brindando una conferencia de prensa para mostrar al mundo el primer video enviado por el rover desde su nuevo hogar. Dependiendo de la distancia entre Marte y La Tierra, las comunicaciones pueden tardar entre tres y veintidós minutos en llegar de un punto a otro.